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Necesidad de una reforma constitucional PDF Imprimir E-Mail
Daniel Rivera

Viendo cómo se ha presentado el panorama político de cara a las próximas elecciones del 3 de mayo, y con el escenario casi enardecido por la situación de doble nacionalidad del candidato a alcalde de la comuna capitalina Bosco Ricardo Vallarino, han quedado al descubierto muchos vacíos legales que hay dentro de nuestro ordenamiento jurídico interno.


Todos sabemos cómo se adquiere la nacionalidad panameña, eso está contemplado en el título segundo de la Constitución Política de la República, donde señala quiénes son panameños y los derechos ciudadanos de éstos y cómo se pierden. Como no soy abogado no pretendo hacer una exposición jurídica sobre el particular.

Por ningún lado nuestra Carta Magna dice si la suspensión de los derechos ciudadanos pueden ser recuperables o no. Y es sobre esta materia que deseamos exponer nuestra opinión, porque no puede ser posible que estos desaciertos provoquen muchos problemas a quienes puedan encontrarse en una situación similar a la del señor Bosco Vallarino.

Las autoridades del Tribunal Electoral se habrán preguntado alguna vez cuántos panameños con doble ciudadanía han participado en los torneos electorales haciendo valer su, entre comillas, derecho a elegir. Entendiendo ahora que quienes mantengan esa figura, no pueden ni elegir ni ser elegidos, de acuerdo a la Constitución y al Código Electoral.

Esto debe llevar a nuestras autoridades a que una vez concluidas las elecciones del 3 de mayo, procedan inmediatamente a realizar un censo para determinar el número de panameños que posee más de una nacionalidad y, paralelamente, iniciar un proceso de reformas a nuestras leyes para determinar en aquellos casos en que la ciudadanía se ha perdido o se mantiene suspendida, ¿cómo puede ser recobrada?

Por ello, desde ya insto al próximo gobernante para que junto con el Tribunal Electoral y un grupo de panameños notables redacten un documento tendiente a mejorar esta situación, que sea enviado a la Asamblea Nacional para que lo discuta y apruebe a fin de otorgarle a todos los ciudadanos un paraguas legal para evitar que nos veamos envueltos en otra situación similar a la que estamos viviendo.

Una pregunta interesante que me hago es ¿si en algún momento habremos elegido a algún alcalde, legislador o representante de corregimiento con doble nacionalidad? De descubrirse esto, sería interesante ver la postura de las autoridades –sobre todo– las electorales ante una situación como esa.

No cabe duda de que en este tema las autoridades también tienen su parte de responsabilidad, porque ellas deben saber quiénes se encuentran bajo esta figura, y no me digan que no hay forma de saberlo, porque la situación es simple; a través de la Cancillería, en colaboración con las embajadas y consulados acreditados en nuestro país, esa información debiera ser proporcionada bajo el estricto derecho de reciprocidad.

Aquí no solo importa saber cuántos panameños somos o cuántos vivimos en el país, también es imprescindible saber quiénes son panameños bajo todos los parámetros que estipula la Constitución y cuántos han adquirido otra nacionalidad.

Es más, esta norma debe ser bien estricta y más cuando el país se aboca a celebrar elecciones. Al momento de las postulaciones, el Tribunal Electoral debe saber si todos los que se postulen a los diferentes cargos de elección cumplen y gozan con todos los derechos y deberes establecidos.

Insisto entonces, que ante tales señalamientos es importante que se hagan reformas a la Constitución, donde igualmente pueden incluirse otros aspectos de importancia para la ciudadanía en general, pero que sean verdaderas reformas que vengan a solucionar los vacíos que presenta nuestra propia Carta Magna, porque no podemos dejar a la interpretación de funcionarios judiciales o electorales los artículos legales, porque pueden perjudicar o favorecer a equis o ye ciudadano.

Por favor señores, seamos serios en esto, pues está en juego la credibilidad de ustedes como representantes de uno de los órganos más importante del país, que se precia de ser justo, correcto y honesto. Recuerden que la mujer del César no solo debe serlo, si no parecerlo.
 

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